Récord en octubre: el auge turístico de Corea tiene ahora un problema de calidad que resolver
Corea del Sur ha logrado algo que ningún año anterior consiguió: superar su récord histórico de llegadas extranjeras con más de dos meses por delante. El martes el recuento rebasó el máximo del año pasado, 18,94 millones, y el Ministerio de Cultura prevé que el total supere por primera vez los 20 millones hacia la tercera semana de noviembre. El objetivo oficial de 23 millones para fin de año parece ahora alcanzable.
Las cifras detrás del titular son llamativas. De enero a septiembre llegaron 17,11 millones de visitantes extranjeros, un 21,5 % más. Los visitantes de la Gran China crecieron casi un 30 %, y solo China continental aportó 5,47 millones de personas. Las llegadas desde Japón aumentaron casi un 17 %. En el mismo periodo, los rivales regionales Japón y Tailandia registraron ligeros descensos, mientras que Vietnam creció con fuerza.
Por fin más allá de Seúl
El cambio más interesante es geográfico. Durante años, el turismo coreano fue una historia de Seúl con una escapada a Busan o Jeju. Este año, las entradas por aeropuertos y puertos fuera de la región capital pasaron de 3,74 a 4,82 millones, y las visitas a las regiones subieron alrededor de una quinta parte. El gasto con tarjeta de los visitantes extranjeros aumentó casi a la mitad, hasta 15,9 billones de wones, impulsado por las compras, el alojamiento y los servicios médicos y de bienestar.
Esa última categoría dice mucho sobre dónde está el dinero. Corea ya no vende solo palacios y música pop: vende clínicas dermatológicas, chequeos médicos y fines de semana de spa. Esos visitantes se quedan más tiempo y gastan más, justo lo que quiere un ministerio que persigue valor y no volumen.
Lo difícil viene ahora
El Gobierno atribuye el éxito a la cultura K, a más vuelos, a la flexibilización de visados y a un presupuesto suplementario. El ministro de Cultura, Chae Hwi-young, ya ha subido el listón a 30 millones de visitantes anuales y ha prometido centrarse en la calidad. Es el instinto correcto, porque los récords traen su propia presión. Barrios populares de Seúl ya debaten sobre el ruido, los alquileres de corta duración y los callejones abarrotados, igual que Kioto o Barcelona.
Repartir a los visitantes por todo el país es la mejor respuesta, y los primeros datos sugieren que empieza a funcionar. Si Corea logra convertir sus ciudades regionales en destinos por derecho propio, el próximo récord se sentirá como un éxito para los residentes y no solo para los estadísticos.