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Rellenar el granero: Japón recompra más arroz tras el golpe de los precios

Hace dos años, los estantes vacíos y los precios récord convirtieron el arroz en uno de los temas políticos más delicados de Japón. La respuesta del Gobierno fue abrir sus reservas de emergencia. Ahora está haciendo discretamente lo contrario: volver a llenarlas.

Según fuentes consultadas, el Ministerio de Agricultura prevé recomprar otras 100.000 toneladas de arroz al sector privado, que se suman a las 210.000 toneladas cuya recompra decidió en septiembre. Desde marzo de 2025, el Estado ha liberado en total 590.000 toneladas de sus reservas, que siguen muy por debajo del millón de toneladas aproximado que se considera adecuado para la seguridad alimentaria.

Por qué ahora

El momento refleja un mercado que ha pasado de la escasez a la holgura. Las existencias privadas son altas y el ministerio cree que la oferta y la demanda permiten comprar sin disparar de nuevo los precios. Sus propias proyecciones sitúan la demanda de arroz de consumo para el año que comienza en julio de 2027 entre 6,93 y 7,1 millones de toneladas, frente a una producción prevista de 6,93 millones en 2027. Incluso tras la compra adicional, las existencias privadas a finales de junio de 2028 se estiman entre 2,23 y 2,57 millones de toneladas, por encima de los 1,8 a 2 millones que se consideran saludables.

El momento definitivo dependerá de la última previsión de la cosecha de 2026, que debería mostrar cuánto daño hicieron las largas lluvias de este año.

Reservas más frescas

Un detalle menos comentado podría pesar más a largo plazo. El ministerio estudia acortar el periodo de almacenamiento del arroz de reserva de cinco años a tres o cuatro. El arroz que pasa cinco años almacenado pierde calidad y suele acabar como pienso o en alimentos procesados. Un ciclo más corto implica reservas más frescas que pueden llegar directamente al consumidor en una crisis, pero también que el Estado tendrá que comprar más arroz cada año.

Ese equilibrio resume el dilema de la política arrocera japonesa: los agricultores quieren precios estables, los consumidores un cuenco asequible y el Estado una red de seguridad que de verdad funcione. Llenar el granero cuando sobra arroz es sensato. La prueba de fuego llegará con la próxima cosecha decepcionante, cuando las reservas tengan que demostrar que pueden calmar el mercado más rápido que la última vez.

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