Escoltar, no combatir: el delicado argumento de Seúl para acercar su armada a Ormuz
Corea del Sur importa la mayor parte de su crudo de Oriente Medio, y buena parte pasa por un único paso estrecho. Ese hecho explica por qué Seúl estudia ahora algo que preferiría evitar: acercar su presencia naval al estrecho de Ormuz mientras insiste en que no se suma a ninguna guerra.
El asesor de seguridad nacional Wi Sung-lac dijo el viernes que el Gobierno está «estudiando con cuidado formas de ampliar y reforzar» la Unidad Cheonghae, el contingente antipiratería que opera en el golfo de Adén desde 2009. Según medios coreanos, el plan ampliaría su zona de operaciones al golfo de Omán, la antesala de Ormuz. Wi subrayó que no hay nada decidido.
Una unidad pequeña con gran peso simbólico
La Unidad Cheonghae suele componerse de un destructor con helicóptero y un equipo de operaciones especiales. Su tarea ha sido escoltar buques mercantes coreanos por aguas con riesgo de piratería frente a Somalia, y se hizo famosa en 2011 al liberar un carguero coreano secuestrado. Para la mayoría de los coreanos representa un papel protector, casi policial: proteger a marineros, no proyectar fuerza.
Esa imagen es justo la que el Gobierno quiere conservar. Wi repitió el principio del presidente Lee Jae Myung de «no implicarse ni intervenir en la guerra bajo ninguna circunstancia». Seúl mide sus palabras: el «papel mínimo necesario», proteger buques mercantes, asegurar las rutas del crudo y a los ciudadanos.
Por qué quedarse al margen es cada vez más difícil
Los responsables señalan lo que hacen otros países. Reino Unido, Francia y Japón ya tenían destructores y aviones de patrulla en Oriente Medio y el Cuerno de África antes de la última crisis de Ormuz, y varios gobiernos han añadido desde entonces barcos y aviones. Un alto cargo de la presidencia dejó entrever que, para una economía tan dependiente del petróleo del Golfo, sería difícil justificar mirar cómo otros aseguran las rutas mientras los petroleros coreanos se benefician.
También hay un argumento práctico. Petroleros coreanos y buques con carga para refinerías coreanas navegan a diario por esas aguas. Si algo ocurre cerca de Ormuz, un buque de guerra coreano a cientos de kilómetros, en el golfo de Adén, poco puede hacer. Acercar la zona de operaciones acortaría los tiempos de respuesta ante evacuaciones o emergencias.
El obstáculo político interno
Según la Constitución surcoreana, los despliegues militares en el extranjero requieren la aprobación de la Asamblea Nacional, y el mandato de la Unidad Cheonghae debe renovarse cada año. El mandato actual vence a finales de diciembre, lo que ofrece al Gobierno un momento natural para pedir una prórroga con un alcance mayor.
El debate no será fácil. Los críticos sostienen que incluso una misión de escolta cerca de una zona de conflicto equivale a un despliegue militar indirecto, se llame como se llame. Temen que un solo incidente, un ataque con drones cerca de un petrolero escoltado o una identificación errónea en el mar, arrastre a Corea a una confrontación que prometió evitar. Otros preguntarán si Seúl responde más a la presión de sus socios que a sus propios intereses.
Seúl ya ha vivido esto. A principios de 2020, durante otro repunte de tensión en el Golfo, amplió la zona de la unidad hacia Ormuz, pero optó por operar de forma independiente en lugar de unirse a una coalición liderada por Estados Unidos. Esa fórmula, cooperar sin pertenencia formal, probablemente vuelva a ser el modelo: compartir información con otras armadas, coordinarse cuando convenga, pero mantener el mando y las reglas de enfrentamiento coreanas.
Qué vigilar
Faltan los detalles clave: cuántos buques, qué aguas exactamente y qué reglas de enfrentamiento regirían si un barco escoltado fuera atacado. Wi prometió explicar las medidas «de forma transparente y clara» al público y al Parlamento una vez estén redactadas.
El resultado dirá mucho de cómo una potencia media con intereses comerciales globales gestiona una crisis que no ha creado. Corea quiere rutas marítimas abiertas sin convertirse en parte del conflicto que las amenaza. Si un destructor en el golfo de Omán puede servir a ambos objetivos es la pregunta que los diputados deberán responder antes de que acabe el año.