55.000 señales de alarma: Malasia quiere llevar la salud mental a las normas laborales
Cuando un gobierno evalúa a sus propios empleados y encuentra decenas de miles en situación de alto riesgo, el resultado no es solo una estadística. Es un problema de gestión. La administración pública de Malasia sometió a su personal a MyPsyD, un sistema digital de perfil psicológico, e identificó a más de 55.000 funcionarios con alto riesgo de problemas de salud mental, incluidas tendencias suicidas. El ministro de Sanidad, Dzulkefly Ahmad, afirma ahora que una política nacional de salud mental en el trabajo está en su fase final.
El ministerio sigue consultando a sindicatos, organismos de seguridad laboral y otras agencias, y el ministro dejó claro que no quiere una política hecha «en un silo». Esa cautela es sensata. La detección solo sirve si conduce a algo: asesoramiento confidencial, mandos formados, cargas de trabajo realistas y una vuelta al trabajo que no castigue a quien se atrevió a hablar.
Las cifras, además, ocultan diferencias entre ministerios, franjas de edad y tipos de empleo. El personal de primera línea, como docentes, enfermeras o agentes de inspección, soporta presiones distintas a las del personal de oficina, y una política útil tendrá que reflejarlo.
Lo más difícil es la cultura. En muchos entornos laborales asiáticos, admitir estrés todavía puede parecer admitir debilidad. Una política escrita no lo cambiará de la noche a la mañana, pero puede convertir el apoyo en rutina y no en excepción. Si el sector público, el mayor empleador de Malasia, lo hace bien, a las empresas privadas les costará mucho más sostener que la salud mental es asunto de otros.