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El plan de 50.000 millones de SoftBank en Malasia: una gran cifra y preguntas aún mayores

Cincuenta mil millones de dólares es el tipo de cifra que acaba en las vallas publicitarias. El primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, dijo el fin de semana que Masayoshi Son, fundador de SoftBank Group, le comunicó en una videollamada que había elegido Kuching, en Sarawak, y emplazamientos en la Malasia peninsular para inversiones de ese tamaño en inteligencia artificial, nuevas tecnologías y centros de datos. Anwar la calificó como una de las mayores inversiones de la región y pidió a los estudiantes que se preparen para los empleos que podría traer.

El anuncio merece atención. También merece una lectura cuidadosa.

Lo que se sabe hasta ahora

A principios de este mes, SoftBank, la superaplicación de transporte Grab y Petroleum Sarawak Berhad (PETROS), la energética estatal, firmaron en Kuching un acuerdo marco para estudiar una plataforma de infraestructura digital y de IA en Sarawak. Los socios quieren planificar un desarrollo por fases de capacidad de cómputo y explorar robótica, formación y cadenas de suministro locales. SoftBank aporta capital y conocimiento tecnológico, Grab su plataforma regional y su base de clientes, y PETROS energía y suelo a través del Kuching Low-Carbon Hub.

Un acuerdo marco es una promesa de negociar en serio, no un contrato para echar cemento. El propio comunicado de SoftBank enumera las salvedades habituales: acuerdos definitivos, autorizaciones, financiación, terrenos y electricidad fiable aún tienen que concretarse. La prensa económica japonesa apunta a que solo una parte de los 50.000 millones vendría de SoftBank, y que la financiación de proyectos y los socios cubrirían buena parte del resto.

Por qué Sarawak tiene sentido

Los centros de datos necesitan sobre todo dos cosas: electricidad y espacio. La Malasia peninsular, en especial Johor, ya es uno de los corredores de centros de datos más activos de Asia y absorbe el excedente de Singapur, donde escasea el suelo. Ese auge ha despertado preocupación por el consumo de agua y la presión sobre la red. Sarawak ofrece algo distinto: gran capacidad hidroeléctrica, gas natural, más terreno y un gobierno estatal deseoso de subir en la cadena de valor. Para un inversor en IA que necesita gigavatios y no megavatios, la combinación resulta atractiva.

Además encaja en una tendencia. El Sudeste Asiático se ha convertido en un campo de batalla por la infraestructura de IA, con gigantes tecnológicos estadounidenses, proveedores de nube chinos y fondos del Golfo buscando emplazamientos fuera de los centros saturados. El Gobierno malasio aspira a ser una «nación de IA» en 2030 y ha lanzado un plan de acción acorde. Un compromiso de titular por parte de uno de los inversores tecnológicos más audaces del mundo refuerza ese mensaje.

Las preguntas que importan

Tres cuestiones decidirán si la cifra se hace realidad. La primera es la energía: ¿puede Sarawak suministrar electricidad limpia y estable a gran escala sin encarecer la factura de los hogares? La segunda es el talento: una vez construidos, los centros de datos emplean a relativamente poca gente, así que los empleos prometidos dependen de que llegue a Malasia trabajo de mayor valor, desde la ingeniería de IA hasta la robótica, y no solo los servidores. La tercera es el calendario: SoftBank tiene un historial de anuncios enormes cuyo tamaño final cambia con los mercados.

Nada de esto vacía el plan. Lo convierte en una línea de salida. Para los malasios, lo útil durante el próximo año no será la cifra del titular, sino los primeros contratos firmados, los primeros acuerdos de compra de electricidad y los primeros programas de formación. Ellos mostrarán cuánto de esos cincuenta mil millones se convierte en algo que se pueda visitar en Kuching.

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