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Cosechas, puertos y una cuenta atrás de 15 años: el acuerdo con Mercosur ya está completo para Singapur

Una ciudad-Estado que importa la mayor parte de sus alimentos tiene todas las razones para preocuparse por quién los cultiva. Es la manera más sencilla de entender por qué Singapur celebró el 1 de noviembre como un hito: el Tratado de Libre Comercio Mercosur-Singapur (MCSFTA) entró en vigor con Argentina, el último de los cuatro miembros fundadores del bloque en aplicarlo con Singapur.

Un bloque, socio a socio

Mercosur, el Mercado Común del Sur, fue fundado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y abarca una población de unos 270 millones de personas. El acuerdo ya estaba en vigor con Brasil, Paraguay y Uruguay. Con Argentina incorporada, las empresas de Singapur pueden tratar al bloque fundador como un mercado conectado bajo unas mismas reglas.

Qué significan las cifras

Según el pacto, Mercosur eliminará los aranceles de importación sobre alrededor del 96 % de los productos en un plazo de hasta 15 años. Aproximadamente una cuarta parte de las líneas arancelarias queda libre de aranceles de inmediato. Esa estructura importa: algunos sectores se benefician desde el primer día y otros se abren poco a poco a medida que avanza el largo calendario de desgravación.

El acuerdo va más allá de los aranceles. Establece reglas de origen comunes, hace más transparentes los trámites aduaneros, amplía el uso del trato arancelario preferencial y agiliza el despacho de envíos urgentes y productos perecederos. Para quien envía alimentos refrigerados al otro lado del océano, la cláusula sobre perecederos no es un detalle menor: es la diferencia entre un producto que llega fresco y otro que no.

La resiliencia alimentaria, en primer plano

En su declaración conjunta, el Ministerio de Energía, Comercio e Industria de Singapur y la embajada argentina destacaron el papel de Argentina como gran productor agrícola y alimentario, algo que respalda el objetivo de Singapur de diversificar el origen de sus alimentos. Singapur lleva años repartiendo sus importaciones entre muchos países para que una sequía, un brote de enfermedad o una prohibición de exportar en un lugar no vacíe los estantes. Un gran productor en la otra punta del mundo, con otra temporada de cosecha y otros riesgos, encaja muy bien en esa estrategia.

Ambas partes señalaron además la energía, las infraestructuras, la logística, la tecnología y los servicios como áreas de oportunidad. En sentido inverso, las empresas argentinas pueden usar Singapur como centro regional para llegar al Sudeste Asiático.

Más que mercancías

El acuerdo también promete más certidumbre y transparencia para proveedores de servicios e inversores, junto con cooperación en emprendimiento, digitalización, ciberseguridad, desarrollo sostenible y pequeñas y medianas empresas. Se suma al Tratado de Libre Comercio Alianza del Pacífico-Singapur, en vigor desde 2025, y amplía la red de vínculos formales de Singapur en América Latina.

Nada de esto cambia los precios de la noche a la mañana. Los acuerdos comerciales funcionan despacio, a través de contratos, cadenas de suministro y empresas que deciden que una nueva ruta merece la pena. Pero para un país que apenas puede cultivar sus propios alimentos, cada nueva fuente fiable es una especie de seguro, y el 1 de noviembre sumó una más.

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