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La pieza diminuta detrás del auge de la IA: por qué Murata apuesta un billón de yenes por los condensadores

Si se pregunta qué impulsa la inteligencia artificial, casi todos mencionarán a un fabricante de chips. Pocos pensarían en un componente más pequeño que un grano de arroz. Sin embargo, ahí es donde Murata Manufacturing, con sede en Kioto, ha decidido hacer una de las mayores apuestas de su historia.

Murata invertirá alrededor de un billón de yenes en cinco años, entre los ejercicios 2026 y 2030, para ampliar la producción de condensadores cerámicos multicapa, conocidos como MLCC. Unos 350.000 millones irán a edificios y unos 650.000 millones a equipos de producción. La meta: que las ventas de MLCC en 2030 dupliquen como mínimo las de 2025.

Qué hace realmente un MLCC

Un MLCC es una pila de capas finísimas de cerámica y metal que almacena una pequeña carga eléctrica y la libera al instante. En una placa actúa como un amortiguador que suaviza el voltaje para que los procesadores reciban energía estable. Un teléfono inteligente lleva cientos y un coche, miles. Las tarjetas aceleradoras de los servidores de IA son especialmente exigentes, porque sus procesadores consumen corrientes enormes y muy cambiantes.

Por eso un componente discreto se ha convertido en una historia de crecimiento. Murata registró en el trimestre de septiembre un beneficio operativo de 147.500 millones de yenes sobre ingresos de 588.500 millones y elevó su previsión anual de beneficio operativo a 520.000 millones. Su presidente, Norio Nakajima, ha admitido que las ampliaciones anteriores no bastaban para atender todos los pedidos.

A dónde va el dinero

El plan reparte la inversión entre Japón y el Sudeste Asiático. El mayor proyecto es un nuevo edificio de producción en Okayama Murata Manufacturing, en Setouchi, de unos 150.000 millones de yenes: las obras empiezan en abril de 2027 y terminan a finales de 2028, y la planta aspira a emplear entre 1.500 y 2.000 personas en 2030. También habrá una nueva fábrica en Yasugi (prefectura de Shimane), un edificio nuevo en Tailandia y mejoras en una zona sin uso de una planta en Filipinas.

Repartir la producción entre Japón, la ASEAN y China es deliberado: quien abastece a casi todos los fabricantes de electrónica no puede depender de un único punto vulnerable ante terremotos, tensiones comerciales o cortes de energía.

Por qué dudaron los inversores

La bolsa no aplaudió. La acción cayó con fuerza el día del anuncio pese a unos resultados mejores de lo esperado. La preocupación es el calendario: gran parte de la nueva capacidad llegará a partir de 2028 y la amortización de los equipos pesará justo cuando algunos analistas prevén que se enfríe la inversión en centros de datos. Ese mismo día, Wall Street castigó a las tecnológicas por el temor a un gasto excesivo en IA.

La respuesta de Murata es que la IA no se quedará en los centros de datos: vincula su plan a dispositivos, movilidad y robótica, donde cada sensor, controlador de motor o chip de IA integrado necesita sus propios condensadores.

Una lección silenciosa sobre poder industrial

Japón ya no lidera en teléfonos ni en los chips lógicos más avanzados, pero sigue siendo dominante en muchos materiales y componentes pasivos imprescindibles. La economía de la IA se construye también con miles de piezas discretas fabricadas con enorme precisión.

Si la demanda se mantiene, la inversión parecerá visionaria; si se desinfla, Murata habrá gastado mucho en capacidad ociosa. En cualquier caso, el auge de la IA también funciona gracias a capas de cerámica de pocas micras.

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