Oraciones sobre las nubes: antiguos isleños honran a sus antepasados desde el cielo
La mayoría de la gente visita las tumbas de su familia a pie. Para un pequeño grupo de japoneses mayores, lo más cerca que pueden llegar hoy es un asiento junto a la ventanilla.
El sábado, 34 personas –antiguos residentes de las islas bajo control ruso que Japón llama Territorios del Norte y sus familiares– subieron a un avión fletado en el aeropuerto de Nemuro Nakashibetsu, en Hokkaido. El aparato despegó hacia las 10.45 y, sobre las 11, mientras volaba cerca de las islas, los pasajeros juntaron las manos y rezaron por los antepasados enterrados allí abajo.
Por qué un avión y no un barco
Durante años, los antiguos isleños pudieron participar en programas de intercambio que les permitían viajar a las islas y visitar las tumbas de sus parientes. Esos programas están suspendidos desde la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, y el servicio aéreo existe precisamente porque la vía habitual está cerrada. El vuelo del sábado fue el segundo de este tipo; el primero se celebró en 2020, durante la pandemia. Hay otro previsto para el 7 de noviembre.
Las islas fueron ocupadas por tropas soviéticas en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial y siguen en el centro de una disputa territorial entre Tokio y Moscú que ha impedido a ambos países firmar un tratado de paz formal.
Una generación que se apaga
Lo que hace tan conmovedores estos vuelos es la edad de quienes van a bordo. Tomie Nishidate, de 89 años, que creció en Kunashiri, contó que ver las islas desde arriba le devolvió recuerdos de su pueblo natal. Kuni Tabata, de 90 años y de la misma isla, voló con su hija de 66 años y habló de la escuela a la que asistió. Su hija describió la vista como cercana y, a la vez, lejana.
Esa frase resume bien la situación. Cada año quedan menos personas que recuerden de verdad la vida en las islas, y cada año sin acceso hace menos probable una visita en persona para quienes siguen aquí. Los vuelos no sustituyen a estar de pie ante una tumba, pero mantienen vivo un ritual y transmiten una historia de una generación a otra: de una madre que recuerda su aula a una hija que ahora guarda ese recuerdo.