El dilema de la IA en Corea del Sur: ¿planificar para los centros de datos deseados o para los que se pueden contar?
Todo gobierno que quiere una industria de IA acaba chocando con la misma pregunta poco glamurosa: ¿de dónde saldrá la electricidad? Corea del Sur afronta ahora una versión más aguda. Según la prensa económica coreana, el Ministerio de Clima, Energía y Medio Ambiente estudia recortar entre 3 y 4 gigavatios la demanda de los centros de datos de IA prevista en el próximo plan eléctrico a largo plazo, casi la mitad de los 7,9 GW asignados provisionalmente para 2040.
Cómo crecieron las cifras y por qué podrían reducirse
La historia de esta previsión es una historia de ambición. En primavera, los planificadores esperaban que los centros de datos de IA añadieran unos 4 GW de demanda punta hasta 2040. Tras el anuncio de «megaproyectos» nacionales en semiconductores, centros de datos de IA e IA física, la cifra saltó a 11,9 GW en una revisión de agosto. Solo se incluyó la primera fase del plan; la segunda quedó fuera por una demanda demasiado incierta.
Ahora incluso parte de la primera fase se tambalea. Un responsable del ministerio explicó que algunos proyectos avanzan y otros no, y que sería más razonable trasladar la demanda poco clara al siguiente plan. Varios diputados ya habían cuestionado las cifras en octubre: de 96 proyectos que superaron la evaluación de impacto en la red, solo cuatro reciben electricidad y más de la mitad ni siquiera han solicitado conexión. El ministro admitió que la previsión estaba algo inflada. El 12.º Plan Básico de Suministro Eléctrico definitivo se espera a principios del próximo año.
Los argumentos de la prudencia
Recortar es preguntarse quién paga si las esperanzas no se cumplen. Centrales y líneas tardan años en construirse y décadas en amortizarse. Si la eléctrica estatal KEPCO construye red para centros de datos que nunca llegan, el coste recae en los consumidores. Un centro de estudios climático independiente calcula que los planes anunciados suman unos 20 GW hasta 2035, pero solo unos 2,5 GW cuentan con demanda firme como contratos con clientes. También está el clima: si la carga extra se cubre sobre todo con gas, los objetivos de emisiones se alejan.
Los argumentos de la velocidad
La industria lo ve de otra manera. En la carrera de la IA se habla de «time to power»: el tiempo para conseguir una conexión decide hoy dónde instalan sus servidores las grandes tecnológicas. El sector coreano de centros de datos ronda los 1,9 GW, una fracción del de Estados Unidos. Los directivos sostienen que un rezagado no puede permitirse planificar con timidez, porque los gigantes de la nube no se comprometen sin electricidad garantizada. Algunos proponen otra vía: permitir contratos directos de compra de energía con centrales de gas o nucleares, en lugar de depender solo de KEPCO, ya que hoy esos contratos solo se admiten para renovables.
Un caso de prueba regional
Corea no está sola. Japón, Malasia, Singapur e India hacen malabares entre el auge de los centros de datos, los límites de la red, la oposición local y los compromisos climáticos. Lo útil del debate de Seúl es que se libra a la vista y con cifras concretas. El compromiso probable no es una previsión única, sino escalonada: demanda firme construida ya, demanda condicionada desbloqueada al firmar contratos y demanda especulativa aparcada para más adelante.
Puede que eso decepcione un poco a ambas partes. Pero en un sector donde la certeza de hoy puede ser el activo varado de mañana, un plan eléctrico capaz de adaptarse quizá valga más que uno que simplemente apunta alto.